Vestigios de otro tiempo, La Contraviesa
Siempre resulta emocionante la mezcla de ingredientes para realizar un buen guiso. Running, fotografía, montaña, historia, y amor, hacen que un simple entreno se convierta en un gran plato para una jornada dominical en la que era necesaria entretener la mente, para añorar lo menos posible a los seres queridos.
Con todo esto, que mejor, que desplazarme a Albuñol, para afrontar una ruta de media montaña, por caminos y pistas, que me llevaran a los lugares donde plantaron raíces mis bisabuelos.
La Sierra de La Contraviesa forma parte baja de La Alpujarra, situándose entre Sierra Nevada y el Mar Mediterráneo. Creo que no es lo suficientemente conocida, para la belleza que presenta, y que tuvo su época de esplendor en el s. XIX y primera mitad del XX, donde había infinidad de cortijos, que quedaron posteriormente abandonados, emigrando mucha de su gente a la zona del Poniente Almeriense, como en el caso de mis abuelos maternos.
En sus zonas cultivadas abundan mayormente los almendros, las viñas (su vino es muy valorado) y las higueras, siendo sus puntos mas altos el Cerrajón de Murtas y el Monte Salchicha, con mas de 1500 m. Un punto emblemático es Haza del Lino, punto de encuentro de caminos y municipios, donde suelen subir los ciclistas y donde yo recordaba pasar con la Alsina siendo pequeño, camino de Lanjarón. Aquí se sitúa el alcornocal mas alto y antiguo de la Península Ibérica.
Albuñol, una de las poblaciones mas importante de la comarca, fue el punto de partida de la ruta. Su origen es romano, alcanzando su máximo esplendor en la época andalusí, aunque se han encontrado restos del Neolítico en la conocida Cueva de los Murciélagos, situada en las Angosturas. Respecto a su arquitectura, la Iglesia de San Patricio con sus torres, es lo mas destacable.
Tras subir a la parte alta del pueblo, donde se sitúa el cementerio, seguimos el camino por una pista de subida continua, con una primera parte de hormigón y luego ya todo de tierra, para dirigirme hacia la Ermita, pedanía que estaba casi abandonada, pero que vuelve a repoblarse. Desde aquí disfruto de continuos subes y bajas por caminos y veredas, acompañadas de almendros y unas vistas preciosas. Así dejo atrás los cortijos casi derruidos de los Corros, Morenos, a lo lejos veo los Rivas, Sevillanos, Antones, Yesos, etc. para llegar a Palomar, tras dar una vuelta por el Huevo, cerro que tanto nombraba mi abuelo, donde tenía plantados almendros.
En Palomar, ya no queda nadie y prácticamente apenas se diferencia la casa que tanta vida tuvo hace 70 años. Desde allí se ve el mar; recuerdo que mi abuela me contaba que durante la Guerra Civil se podían ver los barcos abrir fuego durante la noche. Ya solo quedan recuerdos y silencio. Es un lugar que me gusta visitar cada vez que puedo, e imaginar en como vivían sus gentes, sin luz, ni agua, ni nada de las comodidades que tenemos hoy día. Supongo que la gente era tanto o mas feliz que ahora, y es que con unos frutales, una humilde casa y un mulo, era suficiente. La gente hoy día ha perdido el concepto de felicidad, y no se valoran las cosas sencillas, pero realmente importantes. Hoy lo tenemos todo y no tenemos nada, ya que queremos mas.
Tras detenerme un rato, inicio el descenso, tras pasar de nuevo por la Ermita, y me dirijo dirección a Casafuerte, para girar luego por otro camino que me lleva a otra cortijada abandonada y que tenía muchas ganas de ver: Los Corrales (casa de mi tatarabuelo). Impresiona su estampa moribunda en lo alto de una colina, sin ningún indicio de vida, ya que hasta las chumberas y las pitas parecen sucumbir al paso sin piedad del tiempo.
Punto final, de nuevo Albuñol. En definitiva, una bonita mañana, y una ruta que desde luego repetiré.
Datos entreno: 20.6 km, d+ 635m, tiempo 2h 14´, ritmo 6:29 min/km
Con todo esto, que mejor, que desplazarme a Albuñol, para afrontar una ruta de media montaña, por caminos y pistas, que me llevaran a los lugares donde plantaron raíces mis bisabuelos.
La Sierra de La Contraviesa forma parte baja de La Alpujarra, situándose entre Sierra Nevada y el Mar Mediterráneo. Creo que no es lo suficientemente conocida, para la belleza que presenta, y que tuvo su época de esplendor en el s. XIX y primera mitad del XX, donde había infinidad de cortijos, que quedaron posteriormente abandonados, emigrando mucha de su gente a la zona del Poniente Almeriense, como en el caso de mis abuelos maternos.
En sus zonas cultivadas abundan mayormente los almendros, las viñas (su vino es muy valorado) y las higueras, siendo sus puntos mas altos el Cerrajón de Murtas y el Monte Salchicha, con mas de 1500 m. Un punto emblemático es Haza del Lino, punto de encuentro de caminos y municipios, donde suelen subir los ciclistas y donde yo recordaba pasar con la Alsina siendo pequeño, camino de Lanjarón. Aquí se sitúa el alcornocal mas alto y antiguo de la Península Ibérica.
Albuñol, una de las poblaciones mas importante de la comarca, fue el punto de partida de la ruta. Su origen es romano, alcanzando su máximo esplendor en la época andalusí, aunque se han encontrado restos del Neolítico en la conocida Cueva de los Murciélagos, situada en las Angosturas. Respecto a su arquitectura, la Iglesia de San Patricio con sus torres, es lo mas destacable.
Tras subir a la parte alta del pueblo, donde se sitúa el cementerio, seguimos el camino por una pista de subida continua, con una primera parte de hormigón y luego ya todo de tierra, para dirigirme hacia la Ermita, pedanía que estaba casi abandonada, pero que vuelve a repoblarse. Desde aquí disfruto de continuos subes y bajas por caminos y veredas, acompañadas de almendros y unas vistas preciosas. Así dejo atrás los cortijos casi derruidos de los Corros, Morenos, a lo lejos veo los Rivas, Sevillanos, Antones, Yesos, etc. para llegar a Palomar, tras dar una vuelta por el Huevo, cerro que tanto nombraba mi abuelo, donde tenía plantados almendros.
En Palomar, ya no queda nadie y prácticamente apenas se diferencia la casa que tanta vida tuvo hace 70 años. Desde allí se ve el mar; recuerdo que mi abuela me contaba que durante la Guerra Civil se podían ver los barcos abrir fuego durante la noche. Ya solo quedan recuerdos y silencio. Es un lugar que me gusta visitar cada vez que puedo, e imaginar en como vivían sus gentes, sin luz, ni agua, ni nada de las comodidades que tenemos hoy día. Supongo que la gente era tanto o mas feliz que ahora, y es que con unos frutales, una humilde casa y un mulo, era suficiente. La gente hoy día ha perdido el concepto de felicidad, y no se valoran las cosas sencillas, pero realmente importantes. Hoy lo tenemos todo y no tenemos nada, ya que queremos mas.Tras detenerme un rato, inicio el descenso, tras pasar de nuevo por la Ermita, y me dirijo dirección a Casafuerte, para girar luego por otro camino que me lleva a otra cortijada abandonada y que tenía muchas ganas de ver: Los Corrales (casa de mi tatarabuelo). Impresiona su estampa moribunda en lo alto de una colina, sin ningún indicio de vida, ya que hasta las chumberas y las pitas parecen sucumbir al paso sin piedad del tiempo.
Punto final, de nuevo Albuñol. En definitiva, una bonita mañana, y una ruta que desde luego repetiré.
Datos entreno: 20.6 km, d+ 635m, tiempo 2h 14´, ritmo 6:29 min/km











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