Etapa 0 75 Millas Alpujarra. Lanjarón y Lorca
No hay nada como volver a Lanjarón, pueblo en el que tantas tardes de verano pasé acompañado de mi abuelo, con un canasto de mimbre en la mano. Sus calles continúan repletas de macetas y fuentes de agua, tenderos ofreciendo artesanía y productos típicos, como miel y jamón, todo en torno al viejo Balneario, cuyas aguas "milagrosas" dieron fama a la zona y atrajeron a tantas personas con dolencias de todo tipo. El pueblo del agua y los yayos parece detenido en el tiempo, sus calles permanecen inalteradas, e incluso los rostros de sus gentes me siguen resultando familiares, congelados durante estos años. Luego alzo la vista más allá del castillo y veo los molinos metálicos, y empiezo a ser consciente de que todo aquello quedó atrás, perdurando solo su olor característico con un ligero toque a eucalipto.
Por último trato de navegar en mi nave del tiempo y descubrir al poeta entre los poetas, Lorca. Dicen que este lugar le hacía feliz y que sirvió de inspiración a alguno de sus romances gitanos. Por las noches había reunión en el salón de este viejo hotel donde hoy me hospedo, en el que los comensales bailaban y se divertían al son de la música que interpretaba Federico. Esta noche soñaré poesía



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